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Antiguo Tratado de Taxidermia

   La historia tiene por título una paradoja cruel: Antiguo Tratado de Taxidermia, pues versa sobre un objeto, un simple tubo de papel, que comete la imperdonable osadía de adquirir consciencia. A este ente, cuyos orígenes son una materia tan deleznable como la celulosa, le fue otorgado el nombre de "Zebra", quizás por la arbitraria geometría de sus franjas o por la inexorable voluntad de catalogar lo inclasificable.

  La tragedia de "Zebra" es la tragedia de la incomunicación absoluta. Es un ser concebido en el límite de lo tangible, dotado de miles de tentáculos, pero cuyo sino es el silencio. Su pasado es un sueño de violencia marina —una mancha de tinta que evoca la espuma y el vórtice de la Gran Ola—, un recuerdo de ser presa, no criatura.

   En su existencia fantasmal, "Zebra" carga el fardo de la posibilidad infinita: envuelve en sus incontables apéndices el alfabeto completo, la cifra de la creación humana, sin poder ensamblar una sola palabra. Es un archivo mudo, un laberinto léxico que solo sabe levitar sobre la habitación, ignorado por mi perro amarillo que duerme plácidamente, ese testigo onírico que es el único espejo de su ajena existencia.

   Su búsqueda de conexión es una aventura en la futilidad. Proyecta amistad en la columna impasible de un poste de luz, esa geometría inerte que es el doble inorgánico del ser humano, y lo consagra como su único aliado. Pero hasta de esa amistad proyectada debe huir, retornando a su condición esencial: el reposo sobre el diván, donde el silencio es la única respuesta.

   "Zebra" es un objeto de taxidermia porque su esencia no pudo ser clasificada por la palabra. Al no poder nombrar, ni ser nombrada más allá de su caprichoso rótulo, fue despojada de la condición de animal y reducida a la de ejemplar, un archivo de papel que solo archiva su propia y desesperada mudez.

Año: 2014
Material: Acuarela sobre papel de algodón

© by W.J.L.G.

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